Adoro el olor a verano. Porque sí , tiene un olor especial. Huele a salitre del mar , a café frío, a limón sobre el hielo de unos cuantos mojitos, a vainilla, coco y fragancias ligeras .

Adoro el sabor a verano. Porque sí, tiene un sabor especial. Sabe a helado de stracciatella , a granizado de limón ,a vino blanco en la terraza, a tu plato preferido con un fondo a medida.

Adoro las sensaciones que produce el verano. Una sensación de libertad que pide a gritos ser disfrutada, las ganas de más, las ilusiones a flor de piel, el mundo dispuesto a ser descubierto, el característico estrés generado por el intento fallido de pretender que un armario entre en una maleta o en dos , el cosquilleo en nuestro cuerpo al despegar un avión , el hambre por vivir …

Dejarse llevar por la sensación de que algo bonito está a punto de pasar, sentarse sobre la manta deshilachada del asiento de atrás del coche y contemplar cualquier amanecer mientras suena Viva la vida de Cold Play, bailar sobre la arena mojada , la felicidad contagiosa , desear no dejar de desear , trasnochar y desayunar pizza …

Una felicidad arrolladora que emerge con la obligación de disfrutarla sin barreras , cargar las pilas y regalarnos momentos porque hoy , mañana y pasado … puede ser un gran día y que cada uno de éstos hagan de este verano una etapa inolvidable .

Es el momento de sacar la lista de cosas pendientes, de permitirnos caprichos, de cumplir sueños , abandonar cualquier lastre y fluir. A veces no somos conscientes de la importancia que puede llegar a tener un momento con y para nosotros mismos sin prisas, saborear una taza de café cargado en esa curiosa librería que hay entre Ópera y el Palacio Real, probarnos veinte faldas y juguetear frente al espejo sin importar el vuelo de los minutos, abrir la ventanilla mientras recorres mapa en carretera y dejar que el aire meza nuestro pelo .

En tres días comienzan mis vacaciones y he de confesaros dos cosas.

La primera, estoy ansiosa. Tengo unas ganas locas de no limitarme , de bucear entre peces si es lo que me pide el cuerpo y el momento, de inmortalizar cada segundo , detenerme en cada página y disfrutarlo. Tengo ganas de sentir la arena en mis pies , de cambiarme de conjunto tres veces al día porque sí y de empaparme de mi alrededor . Tengo ganas de intensidades y estoy preparada para cada una de ellas.

La segunda, creo que será de las pocas veces en la que no llevo bajo el brazo una planificación , un esquema de días , una guía. Y hacerlo no es nada malo, a mí me encanta y creo que es una forma increíble de no dejarse nada en el tintero. Pero este verano es hora de improvisar. Creo que aquel que no tiene prisa está dispuesto a toda improvisación , en perderse con tranquilidad y sin grandes pretensiones , en dejarse llevar para descubrir . Y en mi opinión, ahí reside la esencia. En los pequeños detalles que no son pasados por alto y que , por la más mera casualidad, se cruzaron en nuestro camino para enseñarnos que hay muchas formas de aprovechar bien el tiempo.

Y quién dice que este verano no sea el momento perfecto para escalar ,bailar bajo la lluvia, dormir bajo las estrellar, abandonar costumbres , sonreír sin una razón que la preceda, dejarse conocer y conocerse…

Creo en la maravillosa idea de pedirle a la vida. Sí, le pido que no deje de sorprenderme , que siga haciéndome camino, que pueda seguir coloreando mi mapa mundi personal , que me siga haciendo dudar porque toda decisión importante conlleva eso, que me dé una y mil oportunidades para equivocarme y volver después al rin con más ganas que nunca. Le pido que me acompañe a seguir buscando un «yo en su máxima expresión» y que nunca deje de hacerlo.

Disfrutemos de nuestro carpe diem a medida , de todo lo que está por venir y de todo aquello que salgamos a buscar. Seamos nosotros los que firmen nuestra propia suerte, los que ganen el duelo a los miedos y apuesten por ellos mismos con la idea de saborear cada segundo .

A mis vacaciones les digo que se preparen porque voy sin ningún » y sí » en la mochila .

Vive de tal manera que cuando te detengas a ojear tu cuaderno de abordo, no quede espacio ni en los márgenes.