Si buscamos la palabra revolución en el diccionario, encontraremos que uno de sus significados es el siguiente : «Cambio radical en la manera de tratarse o hacerse algo, o cosa que supone ese cambio.»

Creo que , a veces, nos dejamos invadir por un miedo inexplicable y ridículo y no nos atrevemos a subirnos a la cresta de la ola que puede generar un cambio .

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Este fin de semana vi una película en la cual uno de sus personajes decía : «aceptamos el amor que creemos merecer » . Acto seguido los ojos se me abrieron de par en par y pensé : bua que tortazo de realidad acaba de regalar a todo aquel que se siente delante de la pantalla.

Y ahora os preguntaréis qué tiene que ver tu inicio de texto con esto. Lo tiene que ver TODO. También puede que esté dando rienda suelta a unas cuantas ideas que bailan en mi cabeza con pies patosos sin saber cómo seguir pero … en cualquier caso , intentaré continuar.

 

 

Pienso firmemente que aceptamos porque nos es más fácil. Nos acomodamos porque la vida nos obligará a decir adiós tantas veces y dolorosas , que generar nosotros una despedida es un sufrimiento por el que no queremos pasar . Y creo que , a veces, debemos abanderar una valentía personal y desmontar el guión de esa película para demostrar y , principalmente, demostrarnos … que pedimos siempre aquello que merecemos y no hablo únicamente de amor , hablo de todos los planos de nuestra vida.

 

 

 

Ser revolucionarios de nuestro día a día, abandonar un conformismo que no aporta, cerrar heridas y coserlas porque caer dos veces en el mismo pozo recuerda que ya metiste el pie allí una vez y saliste tan mojado como acobardado .

Dejar de cohibirnos por miradas que no importan , que no pertenecen a nuestra vida, que aconsejan partiendo de la base de un rencor que no se sostiene … gritar «ya está bien» y que todos los continentes se enteren.

Ser revolucionario de nuestra propia vida es remar por y para nosotros sin importar del curso que lleve la corriente. Es no achicar y demostrar que la valentía reside en cualquier parte.

 

 

Hace unos días, me he dado cuenta de que adoro el «cambio» y creo que forma parte también de mi pequeña revolución personal. Quiero pedirle al mundo un pedacito más cada día, quiero comer a bocados sin saciarme para que al día siguiente me presente un menú diferente.

Adoro la sensación de esa mezcla de inestabilidad y estrés que me va susurrando «el tiempo se va agotando » pero que acompaña con una mueca porque sabe que la base de todo es descubrirse a uno mismo y buscar un poquito más de lo que ya he vivido , de lo que he tenido o de lo que he visto … porque ya habrá tiempo para detenerse .

 

 

Porque  creo que es hora de predicar con el ejemplo y empezar a pedirme y a pedir , a escribir mi propio guión y desmontar toda teoría que quiera malmeter respecto al argumento. Explicar menos y hacer más , cambiar las veces que sea necesario hasta que el cambio nos encuentre y nos diga que lo hemos conseguido, que la experiencia es un grado y pasar por cada una de ellas te ha hecho ser quien eres y qué orgullo.

Ojalá mi yo pasado hubiese sabido que te atreverías a descubrir y que romperías barreras porque entonces, habría sabido que eso que dicen de que todo pasa por algo tiene más verdad que cualquier otro cosa.

 

 

Y por último, me queda deciros una única cosa: dicen que hay silencios que valen más que mil palabras. Yo pienso que los silencios son una pared tras la que se esconde una cobardía que no entiende de apostar por uno mismo , por los dos, por aquel … Creo que los silencios hacen más daño que todo el maldito vocabulario y que sin ellos, habríamos evitado algún que otro «hasta pronto «.

 

Seamos la revolución que queramos ser, la que merecemos ser , sin silencios .