Y de pronto,la noche se hizo en aquel pub que solíamos frecuentar. Recuerdo como nos quedábamos atónitos hasta cada historia que adquiría protagonismo allí dentro. Las risas que acompañaban los cafés con aroma a invierno, los vestidos elegantes y aquellos que desprendían la fuerza y ganas suficientes para parar el mundo. Recuerdo también la música de fondo que actuaba de banda sonora de historias privadas y los bonitos sofás que acogían a todo aquel dispuesto a dedicarse tiempo – ohyepblog.

 

 

 

 

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Siempre he sido de ese tipo de personas que adora encontrar un lugar donde pararse y observar. Y aunque parece realmente fácil , no lo es. Me gusta toparme como quien no quiera la cosa con espacios que me dejan tan sorprendida como pensativa, observar aquello que me rodea y disfrutar. A veces me siento tremendamente abrumada cuando pienso en el tiempo y en cómo lo invertimos.

 

 

 

Hace una semana , empecé a leer un libro : » un día de diciembre» . Se trata de un regalo de San Valentín que ha dado en la diana y que ha hecho que vuelva a invertir tiempo en algo que me gusta y que tenía olvidado. Os preguntaréis hacía dónde voy con todo esto y la respuesta es clara : hacía ningún sitio o hacía el que queráis.

Lo que quiero es poner en valor el hecho de disfrutar de aquellas pequeñas cosas que ocupan un tiempo que nos dan un resultado valiosísimo porque nos aportan y , principalmente, nos hacen feliz.

 

 

 

Puede ser un libro en una tarde de sol y calor en Febrero en pleno Madrid , mientras lo acompañas de una cerveza con limón , un sitio acogedor o diferente con las ideas bailando en tu cabeza y cien escenarios por protagonizar, puede ser una tarde de compras de esas que empiezan sin rumbo porque no importa el dónde o  las vistas que desnudan una Ciudad y la presentan en formato lienzo.

 

 

 

 

Y al final, aquella chica que frecuentaba aquel pub, decidió poner en valor y lo que aún es mejor, ponerse en valor. Pensó en aquellos días en los que divagaba con ser escritorio o igual en aquellos otros con los que soñaba con telas y retales dibujando algún que otro proyecto personal, pensó en esas iniciativas que picaban en su puerta una y otra vez , en esos podré que vieron sus alas atadas en cientos de ocasiones, en lo mucho que le gustaba no limitarse, en la libertad de cada paso, pensó en todo eso y se dijo : sí.

 

 

 

 

 

 

El look que os enseño hoy, es el quinto look que llevé a la Fashion Week y el que actúa de cierre de los mismos. He querido dejar uno de los más especiales para el final . Adoro las superposiciones y el riesgo en la moda y creo que va bien cargadito de ambos factores.

Por un lado, he querido optar por dos piezas que formasen visualmente una. Un vestido de tull con una falda amplia que nos aporta muchísimo volumen y favorece nuestra silueta junto con un jersey súper finito de cuello alto en un color que me enamora.

Éste , tiene un acabo en las mangas y en el cuello que añaden ese punto extra a prendas básicas del que tanto os hablo.

 

 

 

 

Por otro lado, las botas. Son realmente únicas y originales y merecen ser lucidas en ocasiones especiales. Creo que iban a la perfección con el conjunto y acababan de darle ese punto rompedor y desestructurado que buscaba.

 

 

 

Le pidió a la noche que la mimara. Era momento de soñar y tenía para largo. Tenía mucho terreno que conquistar, librar batallas pendientes, enterrar pasados que no ayudan pero sí hieren sin tener ninguna autoridad. Había hecho un pacto con el tiempo y mirarlo de frente, a los ojos y sin miedo. No podría ser de ninguna otra manera – ohyepblog