Es innegable que hay noches especiales, de esas que parecen sacadas de nuestras películas favoritas, esas en las que sabes que no necesitas ver el cielo estrellado para saber que está ahí, esperando  a que te pongas tus mejores galas y salgas a bailar a su son.
Hablo de esas noches en las que no hace falta que pase algo suficientemente notorio como para que las convierta en algo más porque ellas mismas adquieren valor propio.
La última noche del año merece y se ha ganado ella solita, estar dentro de lo que os comento. Es el fin de una etapa y el comienzo de cientos de miles de nuevas oportunidades, de mirar atrás para saludar todo lo bueno que quiso unirse a nuestra vida y de abrazar aquello que queremos que siga formando parte de ella. Una noche diferente digna de ser marcada en el calendario.
Pues bien, tal y como os digo, una noche así merece ser acompañada de un vestido que esté a la altura.
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Nochevieja siempre supone un reto que estoy deseosa de asumir. Intento que cada año, la/s prenda/s elegidas se salgan de lo común, tengan algo que las haga claramente vistosas y que sean capaces de realzar aquello que nos gusta y queremos favorecer .
Creo que por regla general , nunca debemos decir «no» a cualquier idea, por alocada que nos parezca, que pase por nuestra mente en cuanto a qué queremos llevar  y bueno … en cualquier aspecto de nuestra vida porque sería cerrarnos una puerta a nosotros mismos.
Organza , satén, seda , tul … bailar toda la noche acompañada de un vestido de ensueño.Delicado y sensual al mismo tiempo con bordados en pedrería , lentejuelas , brillantina que hace deslumbrar y con un rojo ardiente precisamente para coger con fuerza y energía todo lo que nos depara este maravilloso año.
La ligereza de las telas que forman la pieza, fue uno de los detalles que me enamoró desde el primer momento pues se trata de un vestido ajustado capaz de realzar tu silueta y de actuar de segunda piel a la par que nos aporta libertad de movimientos. Resulta muy fácil de llevar.
En cuanto a la joyería que me acompaña, quería unos pendientes muy vistosos y de gran tamaño en color oro para seguir con la tonalidad de los brillos que emitía el vestido.
Lo acompañé también de un brazalete en el mismo tono y un maquillaje en negro que se degradaba desde el inicio y acababa en matices dorados en la zona del lagrimal y los laterales.
Como os digo siempre, limitarse nunca es una posibilidad. Debemos apostar por lo que queremos y por aquello que nos representa, que contribuya a sumar puntos a nuestro adn , a nuestro «soy yo» de manera diaria.
Empecemos el año partiendo de la base de que en todos de nuestra vida, nuestra felicidad debería depender únicamente de nosotros mismos . No hay terceros, no hay miedos, no hay qué dirán, no hay barreras.