Mente y corazón. Pienso muchas veces en qué pasaría si uno de esos dos grandes pilares pudiera ser eliminado del tablero de juego , en qué pasaría si dejásemos descansar al corazón en la retaguardia y le diéramos un respiro. La razón sería líder y se haría en dictadura de nuestro propio cuerpo.

Si os paráis a pensarlo por un segundo, puede ser hasta una idea conquistadora.Deshumanizar la humanidad retirando sus sentimientos a bote pronto y dar paso a una razón que alardea de su entereza y de su fría capacidad de análisis y gestión. Es inevitable caer en la idea de lo útil y beneficiaria que sería esta postura para enfrentarnos a algunas etapas de nuestra vida, para dar esquinazo a un problema entre parpadeos o para volvernos de piedra ante imprevistos sin tener que cuestionarnos nada ni entrar en ese arduo debate entre mente y corazón.

Lo he pensado sí y en algún momento , he sentido una curiosidad aplastante por esa propuesta mecanizada. Pero ahí está el «kit » de la cuestión. Ninguno hemos venido aquí a jugar nuestras cartas sin ser conscientes de la partida, sin enfrentarnos a las artimañas del que dice tener mejor mano que la tuya y lo juega todo- aún sabiendo lo lejos que está de alcanzar victoria – . Ninguno hemos venido aquí a ser presos de uno de esos dos grandes pilares , sino más bien a mediar entre ambos extremos para intentar minimizar daños y no cobrarse heridos en el camino. A ser dueños de nuestra partida , experimentando entre medias todo lo que pueda conllevar.

Y creo que es normal que a veces nos dejemos llevar por ese tsunami que pueden generar ambos puntos. Que nos atemos a un corazón dudoso pero repleto de verdad y no seamos capaces de aferrarnos en ese momento a una única idea racional porque no es el momento, porque te has dejado arrastrar o no te ha quedado otro remedio o sin un por qué que lo justifique.

Que optemos por el corazón y dejemos a la razón a oscuras porque nos atrapó la intensidad emocional y , casi sin querer, necesitamos de esa sensación aterciopelada para proseguir,exprimirla, tomar aire y continuar, volver a la casilla de salida o decidir embarcarte en otra aventura porque retirarse a tiempo , nunca es una derrota.

Y pensando en todo ello, me doy cuenta de que no hay nada más humano que la superación. Que ese baile a tres ,con el dilema que supone y la decisión que se enmaraña en dicho proceso . Me doy cuenta de que todo está repleto de detalles , de momentos y de circunstancias y de que las decisiones que tomemos en base a esto son parte de lo que somos y revestirán el adn de lo que seremos.

A mi mente y corazón le digo que añado otro jugador a la partida : yo. Un » yo » dispuesto a no dejarse embriagar , pero sí a escuchar con la placentera potestad de tomar aquel camino que conlleve un avance , sorteando las piedras que intentan entorpecer el paso y recordando , siempre, que cada uno de esos momentos que producen algo, que hacen que nos llenen, nos pellizquen, nos rompan , nos invadan de dudas, nos hagan sentir plenos … no son más que señales de una humanidad que está siendo vivida en su máxima expresión . Y yo, nunca he sido de las que se quedan con un mero sabor de boca .

Atrevámonos a llenar la mochila de un peso que merezca el esfuerzo de ser cargado por nuestra espalda, a dejar ir a cualquier sobrante que luche por adherirse con dudosos fines. Atrevámonos a dar pasos en firme sobre un mapamundi que espera ser descubierto, a huir de las limitaciones por pequeñas que sean y a poner en valor cada uno de nuestros valores. Atreverse a apostar por nosotros mismos, por aquello que nos hace bien , por lo que merecemos nunca debería ser una opción del juego y sí una obligación para dar comienzo a cualquier partida.

En un mar de dudas, much@s se encargaran de seguir contribuyendo a generarlas y otr@s a sortearlas para alcanzar orilla. – ohyepblog