¡Buenos días bell@s!

Hoy toca empezar la semana despidiendo estas «mini- vacaciones» que hemos tenido días atrás. Momentos por y para nosotros que nos ayudan a despejar de la rutina, a alejarnos del esquema semanal planteado y a volver a retomarlo con ganas y algún que otro ápice de nostalgia porque ya sabemos que lo bueno pasa rápido.

 

Pues bien, he aprovechado para viajar a mi tierrina y poder disfrutar de los míos y de paso de un clima cuanto menos sorprendente que nos dejó con sabor a verano y ganas de más.

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Viajar para nutrirnos , para volver a retomar raíces y acariciarlas bien de cerca, viajar para respirar en todos los sentidos que podamos encontrarle, para tomar distancias que nos lleven de retorno o que nos ayuden a interponer ciertas barreras que igual eran necesarias.

Viajar como sinónimo de vivir, de ganas y de riqueza . Romper distancia con pasos de gigante o de hormiguitas pero empezar a andar sin mirar atrás salvo para recordar lo andando.

 

 

La imperiosa necesidad de darnos una tregua , de darnos tiempo para nosotros mismos y despejar cuerpo  y mente, las ganas por disfrutar de lo diferente y por levantarnos sin ningún tipo de ritmo marcado … dejemos que lo marque el día y que nos sorprenda.

Creo que quien no cree en la magia es porque no se detiene en los detalles, no mira pausadamente … la magia está en rincones, detrás de las montañas de Covadonga o sobre los lagos que allí descansan, en las sonrisas de aquellos que contemplan la belleza , en tumbarse al sol sin preocupaciones, en ir a pescar en buena compañía, en dar sin esperar , magia en las miradas, en la lluvia en pleno agosto ,en el sorbo inicial de una botella de sidra bien fría o en el último de ese vino blanco que tanto te gusta…

 

 

 

Creo que tenemos el bonito privilegio de disfrutar de la magia sin medida, y de cientos de escenarios como el que os enseño hoy que aportan un fondo de ensueño a cualquiera de nuestros días para que nos sirva de marco de  cualquier historia que estemos dispuestos a contar pero principalmente, a vivir.

 

 

Cangas de Onís ha sido uno de los muchos escenarios asturianos que he podido vivir durante esta Semana Santa y del que me gustaría hablaros con más detalle en un post específico sobre lugares que podéis visitar porque os dejaran con la boca abierta . Naturaleza en su máxima expresión dispuesta a ser entregada a aquellos que sepan contemplar la belleza en cada curva de sus laderas.

Una generosidad desmedida que no entiende de tiempos ni de quién .

 

 

Tal y como podéis ver , he retomado con gusto la chaqueta tras esos días veraniegos que estábamos teniendo en Madrid  y la he combinado con un jersey con un cuello alto amplio en un tono verde oscuro que me encanta  y he hecho uso de mi boina francesa antes de despedirme de ella hasta el próximo otoño .

 

 

Vivir con tiempo . Vivir sabiendo utilizarlo y regalándonos el nuestro. Vivir con un nosotros que ocupe el personaje principal y recopilar los escenarios que den como resultado el mejor de los finales.