Y llegaron los 25  y no son unos 25 cualquiera , son mucho más que todo eso.

Sin ninguna duda, crecer es sinónimo directo de evolución y debemos entender esta bonita palabra en todos sus posibles significados porque si de alguna manera identifico estos 25 es con eso.

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Una chica ilusionada, tal vez algo desconcertada por vivencias pasadas y puede que un tanto temerosa por el «qué pasará» , decidió poner rumbo a la capital hace exactamente un año. Lo que ella no sabía es que este año quedaría grabado a fuego y cenizas en su calendario.

Es el primer cumpleaños que paso fuera de mi casa  , lejos de mis padres y ese es el único factor negativo que puedo sacar porque por lo demás … me siento plena .

He aprendido a que los objetivos están ahí para perseguirlos y no para enumerarlos,  que el tiempo pasa lento si nos dedicamos a contemplarnos sentados mientras los segundos suenan en vez de ir pasando estación tras estación en las calles, he aprendido que mirando alto vemos más y mejor ,  que no importan los kilómetros que distancien a dos personas porque ellos mismos son los únicos que poseen el poder de poner tierra de por medio.

Y sobre todas las cosas, he aprendido a conocerme, quererme y valorarme más que nunca.

Desde bien pequeñita, me he ido marcado una lista de objetivos  a cumplir en según qué años. Por ejemplo, a los 18 me había prometido sacar el carné de conducir (entre otras muchas cosas ) y no os imagináis  la de cosas que tengo apuntadas en la memoria para los 30.

Lo curioso es que para estos 25 no tenía nada , tan solo una página en blanco y … me siento más realizada que nunca.

Gracias a todos aquellos que de cierto modo estáis participando en mi cumpleaños leyendo esto, gracias a todas aquellas personas que desde hace un año forman parte de mi vida  (una parte imprescindible ) y gracias a los que aparecieron en algún otro y decidieron quedarse.

Queridos 25, estoy preparada para otro año más cargado de sorpresas. Te prometo que no vamos a parar y así … veremos hasta donde nos llevan.